Los veranos hot de la costa murciana

Realmente, cuando echo la vista atrás, a aquel primer año que fuimos a vivir a Murcia, los recuerdos son bastante agridulces, aunque si tengo que nombrar el primero realmente bueno que se me viene a la mente, ese sería sin duda el primer verano que pasé allí, unos meses después de la mudanza. Para aquel entonces, el año lectivo terminó, había conseguido sacar el curso con alguna que otra dificultad que superar, y esperaba que mi padre dijera que pasaríamos nuestras vacaciones veraniegas en Galicia; otra vez me equivoqué, sólo pillaría 15 días al final de agosto, así que el resto tendríamos que quedarnos en casa. Me desesperé un poco, porque no sabía que aquellos días iban a ser inolvidables.

Como a cualquier chico de mi edad, yo asociaba el verano a unas buenas fiestas playeras, quizá porque en mi anterior residencia estábamos lejos del mar; y ahora que lo tenía junto a mí, quería saber si todo podía llegar a ser como de película americana en las playas de California, o era solamente un mito que nos habían vendido los yanquis. Pero descubrí que esas fiestas, con sabor español, era mucho mejores, porque ¿acaso en las playas americanas uno podía disfrutar de la imagen más o menos habitual de latinas follando? Por supuesto que no, aunque admito que seguramente la censura no hubiera permitido que lo mostraran, jeje.

Sí amigos, había oído hablar de esas fiestas de verano junto al mar que degeneraban a veces en orgías, o al menos en sexo más o menos en público, pero nunca creí que existieran en realidad. Me parecía que eso era más bien cosa de ver mucho porno gratis xxx, donde también se explota bastante ese mito, y aunque me emocionaba pasar esas primeras vacaciones en la costa de Murcia pensando en qué diferencias encontraría con otras anteriores, no imaginaba lo que me iba a encontrar.

Para empezar, y digan lo que digan, el Mediterráneo tiene otro ambiente diferente al del Atlántico. Esto parece un comentario geográfico, pero no lo es, es cien por ciento real: nada que ver el ambiente playero de las costas murcianas con las playas gallegas donde hasta ahora había pasado las vacaciones (una o dos veces fuimos a Canarias, pero no tengo grandes recuerdos de eso, supongo que no pasó nada relevante). Y es que, aunque suene a verdadero tópico de pajillero, una playa llena de chicas y mujeres guapas le cambia a uno la vida, y a mí, en aquel primer verano por aquellas tierras, me parecía que se habían concentrado en aquel lugar las más guas entre las guapas, ¿podría ser? Bueno, tengo que decir que ya llevo aquí bastantes años, y que me sigue pareciendo lo mismo.

Realmente, recuerdo con mucho cariño aquellas primeras salidas con mis nuevos amigos, a los que aún no conocía mucho pero con los que forjé verdaderos vínculos para toda la vida. Y aunque ellos eran originarios de allí, me juraban que aquel año parecía haber muchas más bellezas latinas paseando por la playa, sin contar las lanzadas que se atrevían a hacer topless, que en aquel tiempo no era tan común como ahora; nosotros babeábamos, esa es la verdad, pero desde luego no nos faltó dónde posar los ojos aquel verano.

Y luego vinieron aquellas primeras fiestas nocturnas con las que tanto había soñado, y que por fin pude disfrutar, no sólo por la oportunidad sino también por estar justo en la edad para hacerlo. Unos años antes no era lo mismo, y unos años después ya tampoco lo fue, aunque me siga pirrando estar en la playa bajo la luz de la luna, haya fiesta o no. Es cierto que cada cosa tiene su tiempo y lugar, aunque descubrí que en Murcia iba a poder hacer muchas cosas que nunca pensé, y saber si realmente estaba haciéndolas en el lugar correcto.

Y debe ser así, porque hasta ahora nunca he vuelto a pasar las vacaciones en ninguna parte. El turismo rural se ha convertido en mi preferido en los últimos años, pero juro que, al volver la vista atrás, sé que nunca olvidaré aquel primer verano, ni sus experiencias, ni a aquellos que las compartieron conmigo.

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